Ermita de Betlem.-18 de Noviembre de 2012




Iniciamos esta excursión en el punto kilométrico 7,5 de la carretera que lleva a la zona residencial de Betlem. A pocos metros del inicio del camino llegamos a las casas de Betlem, las cuales se encuentra deshabitadas y amenazan ruinas desde hace décadas.

En época musulmana, los terrenos de la Possessió de Betlem pertenecían a la alquería de Binialgorfa. Esta finca, que también abarcaba la alquería de Ferrutx, fue comprada en 1302 por Jaume II, quien dedicó sus terrenos a la caza, poblándola de jabalíes, ciervos y faisanes. Seguimos por el camino de carro, hacia la derecha y enseguida franqueamos un portillo, después del cual torcemos a la izquierda. Avanzamos ahora por un camino de herradura, con piso de piedra arenisca, que pronto va ganando altura y nos abre vistas sobre un torrente, a nuestra derecha. El itinerario continua por una barranquera y franquea una pared transversal por un pequeño portillo. Estamos en la zona del Grau. El camino sale del cañón por la izquierda y diseña varias curvas. Podemos disfrutar de una bella vista sobre los campos de Betlem, la bahía de Alcudia y el Cap Pinar, al fondo. Un portillo nos abre el paso a un valle situado entre el barranco y la Ermita de Betlem. El camino sigue serpenteando y nos deja en el Coll de la Ermita.

Antes de llegar a la Font de la Ermita, dejamos a la izquierda un camino que lleva a s’Alqueria Vella (en 50 minutos) y a Albarca (en 4 horas y 45 minutos).

Llegamos a la Font de la Ermita y en un lado de la explanada encontramos una capilla dedicada a la Virgen de Lourdes.

De la fuente a la Ermita nos separan unos pocos minutos.

HISTÓRIA DE LA ERMITA
La Ermita se levanta sobre las ruinas de la antigua alquería musulmana de Binialgorfa. En el siglo XIV esta finca dependía de la DEVESA de FERRUTX, zona de caza de los reyes de Mallorca.

Durante años produjo una importante cantidad de aceite y miel. Se dice que la Possessió de Binialgorfa fue abandonada a causa de los ataques piratas. En 1805, el desierto de Binialgorfa, como era conocida esta región, fue ocupado por cinco ermitaños que procedían de Sant Honorat de randa y de la Trinitat de Valldemossa. Cuando llegaron, tan sólo quedaba en pie una torre de defensa y una tafona (podemos encontrar un fragmento de la viga de la tafona a la entrada de la Ermita). El cardenal Despuig impulsó las obras de reconstrucción.

La iglesia tiene planta de crucero y la nave principal está dividida en tres tramos.

Saliendo de la iglesia, a la derecha encontramos un monolito que recuerda su fundación en 1805. A la izquierda del monolito, a lo lejos, está el cementerio de la Ermita con un pequeño oratorio. En una de sus paredes se recuerda la muerte del que fue primer superior de la Ermita. Sebastià d’Artà, fallecido en 1820 de peste amarilla, de la que se contagió en Artà cuando asistía a los enfermos.

LA COASSA
Nuestro itinerario sigue detrás de los edificios de la Ermita donde encontraremos una barrerita tras la cual nace un camino que nos llevará en diez minutos hasta lo alto del monte conocido como la Coassa, en cuya cima se conservan las ruinas de unas instalaciones de vigilancia aérea.

El observatorio de La Coassa, estuvo destinado a la obtención de información aeronáutica durante la segunda guerra mundial.

De las ruinas del observatorio volvemos a la Ermita y por el mismo camino de subida, volvemos a bajar.


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